Netanyahu busca convertir la «carta saudí» en una ventaja electoral
Según informes, el primer ministro israelí intenta utilizar la cooperación en materia de seguridad sobre Yemen para reactivar las conversaciones de normalización con Riad, pero la cuestión palestina sigue siendo el principal obstáculo.
Con las elecciones israelíes del 27 de octubre de 2026 cada vez más cerca, Benjamin Netanyahu intenta, según informes, utilizar la cooperación en materia de seguridad sobre Yemen para reactivar las conversaciones de normalización con Arabia Saudita y fortalecer su posición electoral. Los informes citados en las pruebas describen una posible asistencia israelí de inteligencia y militar a Riad contra Ansar Allah, así como conversaciones regionales de seguridad más amplias respaldadas por Estados Unidos. Sin embargo, el requisito declarado por Arabia Saudita de una vía creíble hacia un Estado palestino independiente entra en conflicto con las políticas de la coalición de Netanyahu, incluida la expansión de los asentamientos y la oposición a la creación de un Estado palestino. La cooperación en materia de seguridad puede generar impulso diplomático, pero no garantiza la normalización ni resuelve el dilema político interno de Netanyahu.
A medida que se acercan las elecciones a la Knéset del 27 de octubre de 2026, el primer ministro Benjamin Netanyahu intenta, según informes, convertir los acontecimientos regionales en materia de seguridad en un activo político. En el centro de ese esfuerzo está Arabia Saudita: un posible acuerdo de normalización que permitiría a Netanyahu presentarse como el líder israelí mejor capacitado para gestionar las amenazas a la seguridad y construir alianzas estratégicas.
Sin embargo, la oportunidad se ve complicada por una contradicción fundamental. Riad ha declarado que la normalización con Israel depende de una vía creíble y claramente definida hacia el establecimiento de un Estado palestino independiente. La coalición de gobierno de Netanyahu, incluidos destacados miembros que se oponen a la creación de un Estado palestino y apoyan la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada, ha aplicado políticas que contradicen directamente esa condición.
El resultado es un delicado cálculo político. Netanyahu parece buscar una forma de utilizar la cooperación en materia de seguridad —particularmente en respuesta a las amenazas vinculadas al movimiento Ansar Allah de Yemen— como canal hacia un compromiso diplomático más amplio con Arabia Saudita. Sin embargo, cualquier acuerdo formal le exigiría equilibrar las demandas saudíes, una posible participación estadounidense y las posiciones de su coalición interna.
## Unas elecciones bajo presión
Las próximas elecciones son la primera votación parlamentaria israelí desde que comenzó la guerra de Gaza el 7 de octubre de 2023 y desde los acontecimientos regionales posteriores. Según las pruebas citadas en el informe de origen, la posición política de Netanyahu se ha debilitado después de años en los que se presentó como la figura central de la política israelí.
Los promedios de las encuestas recientes sitúan, según informes, al partido Yashar, encabezado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, claramente por delante del Likud de Netanyahu. La ventaja comunicada no significa necesariamente que la oposición vaya a ganar o que pueda formar una coalición de gobierno coherente. No obstante, indica que Netanyahu afronta la campaña bajo presión.
En ese entorno, la política exterior puede servir para remodelar la imagen electoral de un líder. Netanyahu ha intentado durante mucho tiempo presentarse como el único capaz de hacer frente a las amenazas a la seguridad y de establecer relaciones con potencias regionales y mundiales. Por ello, un acuerdo de normalización con Arabia Saudita, especialmente si se anunciara antes de las elecciones, podría convertirse en un importante logro político.
Netanyahu podría presentar ese acuerdo como el resultado de su estrategia diplomática y como prueba de que Israel había adquirido una posición regional más sólida bajo su liderazgo. Los informes citados en la fuente indican que comprende el posible valor electoral de un avance de ese tipo y que intenta conseguirlo.
## Riad como premio principal
Arabia Saudita ocupa una posición diferenciada en los cálculos israelíes sobre la normalización desde los Acuerdos de Abraham de 2020. Aunque los acuerdos abrieron una nueva etapa en las relaciones de Israel con varios Estados árabes, Arabia Saudita era considerada un socio potencial mucho más importante debido a su peso político, económico y religioso en el mundo árabe y musulmán.
Una decisión saudí de establecer relaciones formales con Israel podría ampliar la importancia del proceso de normalización mucho más allá de los acuerdos alcanzados con otros países árabes. También podría reconfigurar las alineaciones regionales y proporcionar a Netanyahu un logro diplomático de mucho mayor alcance.
Los informes sobre los esfuerzos israelíes para acercarse a Riad se remontan a 2020. En noviembre de ese año, surgieron informes sobre una reunión entre Netanyahu y el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman en la ciudad saudí de Neom. La reunión no fue confirmada oficialmente. No obstante, el episodio reflejó la importancia estratégica que ambas partes atribuían a la posibilidad de una relación futura.
Por lo tanto, el esfuerzo actual, tal como se describe en el material de origen, no constituye el inicio de un proceso completamente nuevo. Más bien, es un intento de convertir los canales y contactos de seguridad existentes en un resultado diplomático formal.
Ben Caspit, periodista israelí que escribe para Al-Monitor, informó —citando a dos fuentes políticas israelíes de alto nivel— que Netanyahu continuaba realizando esfuerzos confidenciales de última hora para impulsar la normalización con Riad. Según esas fuentes, esperaba aprovechar la presión sobre Arabia Saudita en materia de seguridad derivada de los acontecimientos en Yemen y de su enfrentamiento con Ansar Allah.
El cálculo comunicado es que la asistencia israelí en materia de inteligencia, vigilancia, reconocimiento o incluso asesoramiento militar podría crear un canal para conversaciones políticas y, finalmente, para la normalización. La idea sería presentar a Israel como un socio de seguridad fiable en un momento en que Arabia Saudita busca formas de hacer frente a las amenazas regionales.
## Yemen y el canal de seguridad
El conflicto en el que participa Ansar Allah ha introducido una nueva variable en la ecuación israelí-saudí. Según el informe de Al-Monitor, Israel ha transmitido mensajes a funcionarios saudíes expresando su disposición a proporcionar inteligencia y asesoramiento militar relacionados con el enfrentamiento al movimiento.
Axios informó por separado el 15 de septiembre, citando a dos funcionarios israelíes, que Israel y Arabia Saudita habían debatido una posible asistencia de inteligencia israelí contra Ansar Allah, con la mediación del Mando Central de Estados Unidos, o CENTCOM. Según los informes, una de las opciones discutidas contemplaba la cooperación en materia de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, un acuerdo que, según se afirmó, se asemejaría a un modelo anterior de cooperación en seguridad entre Israel y Emiratos Árabes Unidos.
El material de origen también cita un informe de Axios según el cual altos mandos militares de Estados Unidos, Israel y siete países árabes —entre ellos Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait, Catar, Jordania y Egipto— asistieron a una reunión confidencial en Alemania. La reunión fue organizada por el comandante de CENTCOM, y el mando confirmó que había tenido lugar.
Estos acontecimientos sugieren que la posible normalización entre Israel y Arabia Saudita no puede examinarse únicamente como una cuestión bilateral. Los esfuerzos israelíes por acercarse a Riad se desarrollan paralelamente a conversaciones sobre una estructura de seguridad regional más amplia, la importancia estratégica de la vía marítima de Bab el-Mandeb y las preocupaciones compartidas de varios gobiernos árabes por la expansión de las tensiones regionales.
Haaretz también informó de que, durante una reunión del gabinete de seguridad, funcionarios militares israelíes subrayaron la necesidad de centrarse en los esfuerzos diplomáticos para construir una coalición internacional y regional contra Ansar Allah.
Aun así, la cooperación en materia de seguridad no se traduce automáticamente en una normalización diplomática. Incluso el informe de Al-Monitor citado en las pruebas destaca que la asistencia de inteligencia israelí por sí sola no garantizaría avances hacia un acuerdo con Arabia Saudita. La cooperación puede crear contactos e incentivos mutuos, pero no elimina las condiciones políticas que Riad ha vinculado a la normalización.
## La condición palestina
El principal obstáculo sigue siendo la cuestión palestina. Arabia Saudita ha declarado que no normalizará sus relaciones con Israel sin una vía creíble y clara hacia la creación de un Estado palestino independiente.
La posición declarada por el Ministerio de Asuntos Exteriores saudí, citada en el material de origen, es que no se establecerán relaciones diplomáticas con Israel sin el reconocimiento de un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital. El informe afirma que esta posición fue reiterada en 2026.
Esa condición entra en conflicto con las políticas de la coalición derechista de Netanyahu. Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas de Israel y líder del partido Sionismo Religioso, es un destacado opositor a la creación de un Estado palestino. Durante la actual legislatura de la Knéset, ha apoyado la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania con el respaldo de Netanyahu.
Reuters informó de que Israel asignó en julio una financiación considerable para el desarrollo de 34 nuevos asentamientos. Smotrich describió la medida como un esfuerzo para reforzar el control israelí sobre Cisjordania.
Otro acontecimiento más reciente citado en el material de origen fue el anuncio de Israel de una licitación para 2.167 unidades de vivienda adicionales en el proyecto de asentamiento E1. El número total de unidades previstas en el proyecto ascendería a 3.401. Reuters informó de que Smotrich apoyaba el plan y lo describió como una medida destinada a impedir la creación de un Estado palestino independiente.
También fue notable el momento de la licitación: el plazo se fijó para el 25 de octubre, dos días antes de las elecciones.
Estas políticas profundizan el dilema político de Netanyahu. Un acuerdo con Arabia Saudita podría proporcionarle un importante logro en política exterior y potencialmente fortalecer su campaña. Pero cumplir la condición declarada por Riad exigiría que el Gobierno israelí apoyara un proceso político creíble que condujera hacia la creación de un Estado palestino, un enfoque que podría alejar a miembros clave de la coalición de Netanyahu y debilitar su apoyo entre el electorado de derechas.
## Los límites de la «carta saudí»
Por lo tanto, el desafío de Netanyahu no consiste simplemente en abrir un canal de seguridad con Riad. Se trata de determinar si ese canal puede transformarse en un acuerdo diplomático formal sin fracturar la coalición de la que depende su gobierno.
El expediente de Yemen podría ofrecerle una forma de iniciar ese proceso indirectamente. Al poner el énfasis en el intercambio de inteligencia, la vigilancia y la defensa regional, Israel puede intentar establecer una cooperación práctica sin resolver de inmediato las cuestiones políticas más controvertidas. El papel de Washington también podría proporcionar un marco para conectar los acuerdos de seguridad con conversaciones diplomáticas más amplias.
Sin embargo, ese enfoque tiene límites claros. La posición de Arabia Saudita sobre la cuestión palestina no es simplemente una exigencia procedimental que pueda eludirse mediante la cooperación en materia de seguridad. Es una condición central para la normalización. Por ello, cualquier intento de separar ambas vías podría generar contactos y coordinación sin conducir a relaciones diplomáticas formales.
Para Netanyahu, la distinción tiene importancia electoral. Incluso un anuncio de conversaciones de seguridad ampliadas con Arabia Saudita podría presentarse como prueba de un impulso diplomático. Pero un acuerdo formal de normalización tendría un valor político mucho mayor y también exigiría concesiones que sus socios de coalición podrían rechazar.
El entorno regional añade más incertidumbre. El material de origen informa de que el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman se puso en contacto con Donald Trump para solicitar una acción estadounidense contra Ansar Allah, mientras que Washington no estaba, en esa etapa, dispuesto a abrir un nuevo frente ni a intervenir directamente en una guerra contra el movimiento. Esa reticencia podría limitar hasta qué punto la crisis de Yemen se convierte en la base de un acuerdo de seguridad más amplio.
A medida que se acercan las elecciones del 27 de octubre, Netanyahu intenta así convertir la «carta saudí» en una ventaja electoral mientras afronta presiones contrapuestas. Necesita un logro en política exterior que pueda reforzar su imagen de líder centrado en la seguridad, pero también debe conservar el apoyo de los socios de coalición que se oponen a la creación de un Estado palestino.
El resultado es una estrategia basada en una contradicción no resuelta: Israel puede ser capaz de profundizar sus contactos de seguridad con Arabia Saudita en relación con Yemen, pero el paso de esos contactos a la normalización dependerá de las demandas de Riad respecto a Palestina. Para Netanyahu, la «carta yemení» puede proporcionar influencia diplomática y material para la campaña. Sigue siendo incierto que pueda convertirse en un avance formal antes de las elecciones.








